Muchas parejas no llegan a terapia porque falte amor, sino porque la relación se ha llenado de distancia, discusiones, silencios, reproches o heridas que no se han podido reparar.
Aunque cada pareja es única, hay situaciones que aparecen con frecuencia en consulta.
Cuando hablar termina en reproches, defensas, silencios o malentendidos.
A veces la pareja discute siempre por lo mismo, aunque cambie el tema.
La desconexión puede instalarse poco a poco: menos escucha, menos cercanía, menos sensación de equipo.
La convivencia, el cansancio y la desigualdad en las cargas pueden erosionar el vínculo.
Después de una infidelidad pueden aparecer dolor, rabia, dudas, control o miedo.
El miedo a perder la relación o a estar solo puede dificultar poner límites y sostener decisiones.
La terapia no empuja a continuar ni a romper: ayuda a mirar la relación con más honestidad.
Maternidad, paternidad, enfermedad, duelo, trabajo o cambios importantes pueden transformar el vínculo.
Cuando la relación no puede sostenerse, la terapia también puede ayudar a separarse de una manera menos dañina.
El deseo puede verse afectado por cansancio, distancia emocional, resentimiento, estrés o cambios vitales.
Cuando una persona desea más contacto sexual que la otra pueden aparecer presión, culpa o rechazo.
A veces cuesta relajarse, conectar con el cuerpo o sostener el encuentro sexual.
El dolor puede generar miedo, evitación y distancia si no se aborda con cuidado. Puede tener causas físicas, emocionales o vinculares.
La penetración puede vivirse con miedo, bloqueo, tensión, dolor o sensación de imposibilidad. Necesita abordarse sin presión y con cuidado.
Las dificultades de erección pueden generar vergüenza, ansiedad anticipatoria y evitación.
Puede vivirse con frustración, presión o miedo a decepcionar a la pareja.
La ansiedad, la desconexión corporal o la presión pueden interferir en el disfrute.
Cuando la sexualidad se vive como un examen, es fácil que aparezcan bloqueo, evitación o pérdida de deseo.
A veces se evita el sexo o incluso el afecto por miedo, presión o experiencias dolorosas.
Identificar qué ocurre antes, durante y después de los conflictos.
Poder hablar de lo importante sin entrar siempre en reproches, defensas o silencios.
Crear un espacio donde ambas personas puedan sentirse escuchadas.
Trabajar el daño acumulado, las rupturas de confianza y la distancia emocional.
Hablar del deseo, el cuerpo, la presión, el dolor o las dificultades sexuales sin juicio.
A veces ayuda a reparar la relación y otras a entender si seguir juntos tiene sentido.
Mi enfoque en terapia de pareja se basa en estos principios:
Establecemos normas básicas de respeto. Cada persona tiene el derecho a ser escuchada sin interrupciones.
Exploramos qué hay detrás del conflicto. Frecuentemente, el problema de superficie oculta necesidades emocionales no expresadas.
Juntos buscamos nuevas maneras de comunicar, resolver conflictos y reconectar emocional y sexualmente.
Las sesiones se realizan online, por videollamada por Google Meet, en un espacio privado y confidencial.
No es necesario tener nada preparado. Simplemente un espacio donde podáis hablar con confianza.
Psicóloga General Sanitaria y Neuropsicóloga Clínica.
Mi formación combina la psicología sanitaria, la neuropsicología clínica y el trabajo terapéutico con personas adultas, parejas y sexualidad. Soy experta en terapia sexual y de pareja.
Trabajo desde una mirada humanista e integradora, centrada en el vínculo terapéutico, la comprensión del malestar y el respeto al ritmo de cada persona.
Colegiada nº O-03382
Conocer más sobre míNo necesitáis tener todo claro. La primera sesión es para conocernos y que valoréis si tiene sentido seguir.
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